Nací en Buenos Aires, ciudad de cambalache y arte desbordante. Tras años entre las Bellas Artes y el Diseño Industrial, lo dejé todo para viajar. En ese camino conocí a Mikel y juntos fundamos el Elosta.
Lo que empezó como un hobby, terminó en la creación de mi propio taller, el diseño y la producción de toda la vajilla del restaurante.

Mi historia en el Elosta ocurre hoy en dos tiempos: uno frente al comensal, guiando la experiencia en sala, y otro en el taller, donde el barro toma forma.
Como artesana, diseño piezas que no solo sean vistas como «elementos de mesa», sino también como una narración de la historia de nuestra casa.
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